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Ser viejo en Costa Rica

Fuente: Alfonso J. Palacios Echeverría  |  2013-03-12

Uno de los periódicos nacionales trae noticias que atentan contra la paz y tranquilidad de los que somos de la tercera edad. Señalan los siguiente: anciano desaparece tras ser arrastrado por el mar (cuando se mojaba los pies), o sea, nada de paseítos a la playa; atropello quita vida a adulto mayor cuando caminaba a la orilla de la carretera, o sea, nada de paseos, a no ser que lo realicemos dentro de un parque; hombre de setenta años muere tras riña, lo cual nos asusta de tal forma que mejor no reclamar nuestros derechos, no vaya a ser que nos caigan encima sopapos; asalto acaba con los sueños de vivir la vejez en la montaña (¿es que no es lo normal que nos internen en una casa de retiro?), ya viejos nada de vivir solos y menos en lugares apartados.

Todo ello me recordó que ya cumplí cuatro años de los cinco que me indicaron que demoraba la lista de espera en el Hospital Calderón Guardia para realizarme un cateterismo cardíaco que necesitaba “urgentemente”, según el cardiólogo que me atendió en su momento, pero dudo que me llamen algún día, pues la señorita que recibió los documentos del médico no quiso ponerme en la lista formalmente, diciéndome que –si quedaba algún campo libre- me llamaría de inmediato. Recomendándome que fuera a urgencias, mostrando síntomas de afección cardíaca, para que me lo hicieran de inmediato. Claro, ella, al parecer, olvida lo de la química sanguínea, indispensable al momento de un accidente cardiovascular. ¿Y si yo no estoy en capacidad de pagar el más de un millón de colones que costaría hacérselo en un hospital privado, qué sucede, me muero así no más, esperando el tratamiento?

En la postura de esta señorita, además de ignorante y llena de mala voluntad,  estaba implícita una actitud de menosprecio hacia los de la tercera edad, en el sentido de que los viejos debemos dar nuestros campos en el sistema de salud a los más jóvenes, porque ellos están todavía en capacidad de producir a la economía del país, olvidándose de que al menos durante cuarenta o cuarenta y cinco años nosotros aportamos lo nuestro. Y tenemos tanto o más derechos en razón de todo lo dado al país. Nuestra pensión fue ganada mediante nuestros aportes al régimen de invalidez, vejez y muerte, no es una concesión graciosa que se nos hace. Y tenemos los mismos derechos de salud que cualquier ciudadano más joven.

Cada vez que sale a la luz un nuevo caso de ancianos maltratados, ignorados o abandonados, o como en mi caso, puesto de lado en la lista de los que necesitamos un tratamiento médico que el especialista consideró necesario y urgente,  llueven las acusaciones a diestra y siniestra sobre quién asume la responsabilidad. Generalmente, estas personas que durante muchos años aportaron con su trabajo o con su experiencia, se ven enfrentados al olvido y pasan a ser una molestia para esta sociedad, que no permite defectos tan poco gratos como ser un fracasado, ser pobre, discapacitado, gordo o “viejo”. Entonces todos nos pasamos la pelota, que el Gobierno, que las instituciones de caridad, que los inescrupulosos que lucran con los pobres "abuelitos", etc. Llegar a viejo es casi una condena, es un tema del que no se quiere hablar, y no sólo es un problema que viven los ancianos pobres.

En este país se subestima a los ancianos. No todos están enfermos de la cabeza para que los traten y les hablen como si fueran unas criaturas. Tener dificultades para desplazarse no significa que no puedan hacer pequeñas tareas que los hagan sentirse útiles. El que disminuyan su capacidad auditiva no quiere decir que no puedan mantener una conversación interesante. El que tengan  70 u 80 años no quiere decir que dejaron de tener sueños.

Muchos ancianos se desconectan del mundo porque están terriblemente solos, porque son marginados de toda actividad familiar, porque los jóvenes no les dan cabida. No hacemos el tiempo para caminar un poco más lento, ni para escuchar una frase mal articulada. A los ancianos hay que escucharlos, con mucha paciencia. Ellos son los que nos han legado todo lo que alguna vez le legaremos a los que vienen luego de nosotros. El deterioro sería menos penoso si cada uno que tiene un familiar, un amigo o un vecino de la tercera edad comenzara por ponerle atención, por tratarlo como un igual que tiene cosas que decir; basta un saludo, una sonrisa y no subestimarlo.

El abandono de las familias puede provenir de problemas externos a éstas, que quieren y están al pendiente de cuidar de sus adultos mayores. Sin embargo, muchas veces existen dificultades para hacerlo y se sienten impotentes al percatarse de ello y de la falta de apoyo para sus seres queridos. Algunos de los obstáculos son los siguientes; el estilo de vida actual, y su carencia de tiempo, ya que la familia se dedica a trabajar, estudiar o atender a su “propia familia”. Falta de posibilidades económicas, pues los miembros de la familia cuentan ya con una familia propia y tienen que trabajar para mantener a ésta en una primera instancia. Por otro lado, hay problemas meramente familiares como la búsqueda de “venganza” por parte de los hijos, aprovechándose de la debilidad de los ancianos, en respuesta a los malos tratos que recibieron de sus padres, o bien, algunas familias abandonan a sus adultos mayores “en los hospitales, a donde son internados por padecimientos mínimos, pero los familiares se desentienden de ellos casi de inmediato, pues no los visitan, no están pendientes de su evolución y muchas ocasiones no dejan datos correctos para localizarlos” únicamente por comodidad. Esto a la vez ha sido producto de los prejuicios que se tienen hacia los ancianos, la escasez de empatía y la ruptura de una convivencia inter-generacional

En la sociedad actual, lo que no produce se deja atrás, como si la vejez fuese un estorbo para el progreso y la modernización, lo cual es falso, pero es que los medios de comunicación, por ejemplo, se han encargado de ir creando esa imagen negativa de la tercera edad en la sociedad, incluso en la cultura actual. Como lo señala Diana Cohen Agrest, es claro que en la actualidad la demografía indica un mundo envejecido, y sin embargo, la cultura fomentada no ha alimentado más que la idolatría de la belleza externa y de los medios para obtener la juventud “eterna”, ocultando e incluso llegando a rechazar a la vez  la fealdad y la vejez. El ser viejo y feo no me hace menos inteligente, culto y experimentado, o capaz de aportar algo a la sociedad.

Para definir los efectos que este cambio demográfico causará, el autor Oliver Azuara  los establece claramente: este proceso está cambiando las necesidades de la población puesto que antes se le daba prioridad en atender a la infancia, a partir de ahora la población envejecida demandará mayores servicios de salud y seguridad social. Esta población adulta presenta un perfil epidemiológico con alta incidencia de enfermedades crónico-degenerativas, cuyos tratamientos son más prolongados y caros. Esto requiere una mayor cantidad de personal y mejor capacitado, construcción de infraestructura y mayor gasto en medicinas. En suma, los recursos reales necesario para mantenimiento de la población envejecida están aumentando y así seguirá durante los siguientes años. El proceso de envejecimiento demográfico obligará a una asignación de recursos cuantiosa, no sólo en la demanda de servicios de salud, sino también en el rubro de la seguridad social, especialmente de pensiones.

Agregando a esto el desbalance entre la población trabajadora y la de la tercera edad. Asimismo, se deberían realizar importantes cambios en las relaciones, organización y estructura interna de las familias, ya que muchos de los adultos mayores carecen de seguridad social.

La solución comienza en cambiar de perspectiva, dejar de ver a las personas de la tercera edad como un problema y verlas como una oportunidad. Hace falta fomentar una educación y una mentalidad que inculque el respeto por las personas mayores, para que se dejen de ignorar  la calidad de vida y la dignidad de nuestros ancianos. Sensibilizar a la población ante esta oportunidad, y dejar de agredirla a través de los medios de comunicación, aceptar la vejez y volver a recuperar esa admiración y ese símbolo de sabiduría y experiencia que representan y que son plenamente capaces de  aportar los adultos mayores. Los jóvenes, no deben distanciarse de ellos, debe fomentar nuestra educación la empatía generacional, para mantener buenas relaciones dentro de la familia y de esta manera se reduzcan la cantidad de abandonos de ancianos por parte de sus familias, y además que éstas le apoyen en su etapa de vida en curso.

Una de las principales causas para que suceda el abandono de las personas mayores, los cual ya empieza a considerarse como una muestra más de violencia social, es que la persona adulta mayor ya no posea una vida laboral útil y comience a generar gastos en la familia. Situación que causa tensión y trasforma el trato de sus hijas e hijos, amistades y parientes cercanos. Al sufrir una fractura con las personas más cercanas, el anciano tenderá a replegarse o desplazarse a un rincón de la casa. Reduciendo aún más su núcleo social y la interacción con los demás, provocando cuadros depresivos y aislamiento.

Otro caso frecuente ocurre cuando la familia se apodera de los bienes materiales de la o el adulto mayor, aprovechando su fragilidad, falta de memoria o dependencia. El abandono cobra sentido cuando al dueño original se le ignora, o se le agrede (física o verbalmente) y en ocasiones se le desplaza de la familia llevándolo a asilos o albergues en contra de su voluntad. Por consecuencia, las familias pierden a un miembro clave para continuar con el aprendizaje y la sabiduría por experiencia. Socialmente este comportamiento denota una pérdida de identidad y fomenta la extinción de la trasmisión cultural, de generación en generación, benéfica para el núcleo familiar y su identidad.

Confieso que soy viejo, estoy cerca de cumplir los setenta años, pero nunca me había sentido mejor intelectualmente, aunque mi cuerpo ya da muestras de deterioro físico, y me indigna ver que a otros como yo los abandonan en los hospitales cuando vienen las fiestas de fin de año o la semana santa, porque la familia quiere disfrutar sin la incomodidad de llevar al abuelo o la abuela con ellos, o los envían a pedir limosna en las calles para que aporten algo a la casa, que son los casos más extremos, junto a las agresiones física.

La ausencia de políticas públicas relacionadas con el envejecimiento de la población es otra de las barbaridades de todos los gobiernos que hemos tenido hasta ahora, la insensibilidad de los diputados, la distracción criminal de los partidos políticos, y la ausencia de interés por quienes dimos todo por el país y hoy somos discriminados.

Comentarios

  • Fernando Torres2013-03-12 Muy interesante, incluso esa necedad de llamar anciano, ¿Porqué no dicen un hombre de tantos años? o sencillamente un hombre qué importa si tiene 5 o 50 o 100 años es una persona al fin. Debemos luchar por la dignificación de las personas adultas mayores porque todos vamos por el mismo camino, y porque ellos tienen mucho que dar, no son obsoletos como muchos los ven, son gente productiva en otra forma.
  • Roberto Toral Castro.2013-03-12 ¿Qué piensan los gobernantes sobre el tema de que la población se está enevejeciendo y llegamos a la tasa de reposición demográfica? Creo que ya es hora de hacer varias cosas: en el MEP una campaña para concientizar a los muchachos sobre el valor de los mayores, en la CCSS un programa para crear más hospitales geriátricos en las cabeceras de provincia y ampliar las especialidades en geriatría y gerontología... estos son solamente dos ejemplos. Pero me llega a la mente el que el IFAMU no tiene nada para cuidar de las viejitas, proteger sus derechos, etc. Mientras estemos de rodillas adorando la juventud y la belleza (o lo que es lo mismo, la ignorancia y falta de educación), y todo el comercio esté orientado hacia la juventud, las cosas seguirán mal, pues lleva implícito un mensaje subliminal peligrosísimo.
  • Tatiana Lobo2013-03-12 El desprecio por los y las viejas es resultado de la economía de mercado, donde el valor humano se mide por la capacidad de consumo. Mientras este sistema siga existiendo envejeceremos cada vez más devaluados.
  • Tatiana Lobo2013-03-12 El desprecio por los y las viejas es resultado de la economía de mercado, donde el valor humano se mide por la capacidad de consumo. Mientras este sistema siga existiendo envejeceremos cada vez más devaluados.
  • Johel Segura 2013-03-12 Nada de viejo. Usted tiene más vigor y lucidez que muchos "jóvenes"que conozco.
  • Marco Ruiz2013-03-13 Doña Tatiana: En temas laborales el valor humano no se mide por capacidad de consumo. Se mide por productividad. Hay que buscar ordenar este asunto para beneficiar a personas de edades más avanzadas.
  • segismundo2013-03-13 El valor humano se mide por productividad dice don Marco Ruiz. ¿De veras????? Pobres poetas, músicos, pintores, filósofos, sociólogos (aquellos que no se dedican a hacer encuestas o estudios de mercado) y un larguísimo etcétera... que para este sistema capitalista nunca han sido productivos, ni de jóvenes ni de viejos.....

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