Marginalidad Social y Política de Conservación Azul
La Zona Protectora La Carpintera. Foto Neotrópica
Columna Ambiente Crítico
Uno de los mayores retos para la implementación de una política azul en Costa Rica reside en lidiar con el encuentro cara a cara que tienen en la Cuenca del Río Grande de Tárcoles la pobreza y la conservación de nuestras cuencas. Pretendemos en esta entrega y la de la semana entrante resaltar algunas de las tareas que tiene por delante nuestro país ante este fenómeno particular que requiere que adoptemos una posición no tradicional y visionaria del ambientalismo.
Específicamente nos referimos a un espacio de acción en el que los grupos ambientalistas costarricenses (tanto técnicos como activistas) usualmente no se involucran y que en otras latitudes entra dentro de las nociones de la injusticia ambiental. Se trata de espacios en los que poblaciones urbano-marginales se ubican en espacios que no han sido alcanzados completamente por los desarrolladores urbanos y que no han sido manejados adecuadamente por los gobiernos municipales o las autoridades de conservación del país. Se caracterizan por la presencia de casas carentes de los servicios básicos adecuados, ubicadas frecuentemente en espacios peligrosos o insalubres por razones de las condiciones del suelo, pendiente, proximidad a ríos contaminados o infraestructuras contaminantes.
Las zonas ribereñas a lo largo de la Cuenca del Grande de Tárcoles se caracterizan por esta realidad. Sin embargo, pocos costarricenses conocen que esta realidad se extiende a nuestro sistema de áreas silvestres protegidas. Sí, ese sistema que motiva la reputación verde de nuestro país tiene que lidiar con los retos que implica la coexistencia de la conservación de cuencas y la pobreza urbana con serios impactos para la salud de la principal cuenca del país. Esta situación se presenta en varias de las Zonas Protectoras que protegen las partes altas de la cuenca del Tárcoles. Específicamente puede apuntarse, entre otros, el caso de la Zona Protectora La Carpintera.
Esta área silvestre protegida, parte del Área de Conservación Cordillera Volcánica Central, se localiza entre los cantones de Curridabat, La Unión, Desamparados y Cartago. Se ubica en el límite de la expansión urbana al sureste del GAM. Es esa hermosa montaña boscosa ubicada justo al sur de la carretera Florencio del Castillo. En su cara sur se encuentran zonas en transformación de agrícola a urbana que se extienden desde el sector occidental de la ciudad de Cartago hasta comunidades rurales como Coris y la unión entre los sistemas montañosos de la Cordillera de Talamanca y de la Cordillera Volcánica Central.
En sus casi 2400 hectáreas se encuentran valiosísimos servicios ambientales esenciales para estas zonas entre los cuales se pueden identificar la regulación de gases y emisiones y la producción de agua para usos agrícolas, industriales, de consumo humano, etc. Asimismo, la zona brinda servicios recreativos (es un área predilecta para los observadores de aves) y de producción de materiales y plantas medicinales. En sus parches boscosos viven polinizadores y otros insectos de importancia. Además, conserva algunos de los únicos remanentes de ecosistemas típicos de esta zona del Valle Central y posee un importante papel de corredor biológico entre varios ecosistemas. En total, cerca de un 55% de su área se encuentra en bosques primarios, secundarios, reforestación, recuperación y charrales. Toda esta riqueza natural se traduce también en un importante aporte para el valor de los bienes raíces de los inmuebles que la rodean y se benefician de estar en su cuenca de vista.
Las principales amenazas que ha tenido históricamente han sido el desarrollo de usos del suelo incompatibles con sus fines de conservación (minería, agricultura intensiva, ganadería, etc.) aunadas a que, por su naturaleza, la mayor parte de su extensión es de propiedad privada. A ello se une la expansión urbana en su zona circundante y las presiones que ella acarrea. Dentro de la zona en sí, un 11% se encuentra en terreno descubierto y áreas de viviendas.
La expansión urbana ha tenido varios orígenes. Entre ellos que en su esquina noroeste se encontró ubicado el basurero de Río Azul que operó entre 1973 y 1990 como botadero a cielo abierto. La creación en 1976 de la Zona Protectora La Carpintera no evitó la expansión del basurero dentro de sus límites. La presencia del basurero motivó la expansión de varias zonas urbanas en Río Azul y Tirrases en las que se concentraron poblaciones urbano-marginales que vivían de la actividad de la recuperación de desechos en la zona. Este crecimiento de la población llevó durante la crisis económica de 1980 y 1981 al traslado de gran cantidad de familias a la zona de Linda Vista, dentro de la Zona Protectora, caracterizada por pendientes de hasta 45 grados. Esta zona se encontraba en desuso en razón de las pendientes y la cercanía a Río Azul. Su colonización fue producto de invasiones en su mayor parte. Hoy día cuenta con cerca de 10,000 habitantes. Más o menos un 15% de las viviendas cuentan con condiciones deficientes.
Asimismo, se encuentran serios problemas de disposición y manejo de desechos y excretas.
El proceso de colonización e invasiones con establecimiento de comunidades de este tipo ha continuado sobre todo en el sector occidental de La Carpintera. Un caso interesante es el de Barrio Los Ángeles de Patarrá, zona marginal que, según relatan sus vecinos, no cuenta con caminos pavimentados pues la municipalidad de Desamparados alega no poder construírselos por encontrarse dentro de la Zona Protectora.
Una de las mayores oportunidades para enfrentar los retos de la zona se consolida hoy con el lanzamiento del Plan de Manejo de esta zona protectora el 19 del presente mes. El mismo, desarrollado mediante un proceso notablemente participativo, combinó los esfuerzos de SINAC, la Asociación Movimiento Cívico del Cantón de La Unión, el Bosque Modelo Reventazón, la Asociación Guías y Scouts de Costa Rica, ASOPROCA y las Municipalidades de la Unión y Cartago. Contiene este instrumento de gestión medidas para implementar una zonificación que parte de las particularidades de cada propiedad y que busca ser implementado con un proceso igualmente participativo que reduzca asimismo las presiones sobre los servicios ambientales protegidos.
Como parte de sus programas, el plan contempla acciones que buscan fomentar la sensibilización e integración de las comunidades marginales que se ubican en diversas áreas de la zona. Es un instrumento pionero en áreas protegidas de este tipo y corona un proceso de muchos años de buscar posibles modelos de gestión aplicables a zonas de este tipo.
Sin embargo, su éxito depende de más trabajo participativo, un serio respaldo técnico y los recursos que permitan su implementación. Adicionalmente, se requieren iniciativas de apoyo que permitan empoderar y mejorar las condiciones de vida de estas comunidades con el fin de disminuir la presión de su realidad sobre los servicios ecosistémicos de La Carpintera.
Potencialmente puede ser La Carpintera un ejemplo exitoso de solución para muchos otros de los problemas que el encuentro de la pobreza y la conservación mantienen latentes en la Cuenca del Tárcoles. Desarrollaremos algunos de éstos en nuestra próxima entrega. Por ahora baste reconocer este potencial avance en implementar en nuestro país, como parte de este esfuerzo, una perspectiva de ambientalismo de los pobres.
(*) Director Ejecutivo, Fundación Neotrópica
Comentarios
- Alicia Hernandez2012-07-20 en Caño Negro, en Squirres, en Pital, en Cutris de San Carlos, en las costas de Guanacaste es al reves: la agenda azul la pisotean los que mas tienen. Igual pasa en Playa del Pacifico Central o con los megaproyectos en Osa en la fila costeña.... Entonces ?
- Sergio2012-07-20 Muy de acuerdo con Alicia Hernández. Bernardo Aguilar sugiere medidas paliativas para que esos pobres no ensucien. Y ¿qué tal que el "verdismo" de los políticos y empresarios fuera de veras y se pusiera fin a la depredación de los que más tienen, que no solo depredan el medio natural, sino también a las personas? Una vez, hace muchos años, unos niños vinieron a la casa de mi madre a vender orquídeas y tuvieron la mala suerte de que yo los recibiera. Les di corto sermón sobre lo incorrecto de sacar plantas del bosque, de conservación y más bla bla bla. Otro día volvieron y nada más les dije que no gracias; ya había tenido tiempo para decirme: - Juépuchica, ¿acaso yo voy a ponerles frijoles en el plato? Recordemos que hace falta muchos muchos pobres para hacer unos cuantos ricos, por tanto los gobernantes mienten al decir que van a combatir la pobreza, y entonces es hablar con el aire exigirles que cumplan sus promesas. Laura, Óscar y todos los anteriores han sabido esto, y hasta lo saben algunos de quienes hablan de recordarles sus promesas de campaña. La ecología empieza por casa, y mi casa pequeña, mi casa inmediata son los humanos, sobretodo los más pobres. Empecemos por ahí.
- Bernardo Aguilar González2012-07-21 Esdtimados Sergio y Alicia, Estoy de acuerdo con el punto de Alicia. No estoy tratando de invisibilizar la responsabilidad de ningún grupo social y mucho menos de proponer paliativos. El asunto de enfrentar la pobreza dentro o cerca de las áreas protegidas no está en dicotomía con la responsabilidad de los grupos más pudientes. Asimismo, no se trata de culpar a los pobres por no conservar. De hecho, la Carpintera incluye una gama bastante grande de propietarios grandes que tienen, igualmente que trabajar para su conservación con vista del interés nacional. Ahora bien, en Caño Negro, Maquenque, Osa y demás lugares que uds. señalan también hay costarricenses que no son afortunados y cuya calidad de vida debe mejorarse con actividades sostenibles con el fin de que se conviertan en aliados de la conservación y sean ellos mismos/as los que hagan la gestión de la misma a la par del Estado.Si se dan una vuelta por Boca Guarumal dentro del Humedal Térraba-Sierpe, por ejemplo, encontrarán una de las comunidades más pobres y abandonadas del país. De lo contrario la zona norte, Osa y demás seguirán siendo sitios de emigración por exclusión social hacia el Valle Central o el extranjero. No olvidemos que el 5% de la población costarricense reside en los EEUU y que dos terceras partes de esta emigraciíón es por motivos económicos y provienen del sur del país. Ese tipo de circunstancias son la que llevan a los sectores más humildes a no endosar los esfuerzos de conservación. Se trata de implementar un ambientalismo social que enfoque sus esfuerzos en mejorar las condiciones de vida de estos grupos en Osa, Caño Negro, La Carpintera y todo el país con el fin de hacer de la conservación un esfuerzo de abajo hacia arriba y con apoyo popular y colectivo. Sinceramente no creo que en un estado solidario podamos lograr este objetivo solamente con el esfuerzo individual. Gracias por su retroalimentación.
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