Otras ideas, otra mentalidad
La última crisis nacional de verdad fue a principios de 1980. El colón caía en más de un 700% y el déficit fiscal superaba el 10% en 1982, año en que la economía perdía más de un 9%, con un desempleo del 15%. Los comentarios de los expertos sobre la actual crisis, basados en modelos y esquemas ideológicos, me producen algún escepticismo. Necesitamos ideas nuevas. No obstante, sin algunos factores ecológicos que hoy imponen límites al desarrollo, en 1982 fue posible recurrir a la obra pública en gran escala. Empezando la Administración Monge, autoridades del Banco Mundial se presentaron a mi despacho en el MOPT para cancelar el proyecto San José-Guápiles-Siquirres. Pedí tiempo, y en pocas semanas reuní una importante suma para salvarlo. Con el apoyo del Presidente Monge y de los diputados (y con la oposición de casi todo el equipo económico), conseguí una buena cantidad de recursos frescos para iniciar un audaz proyecto de infraestructura vial.
Cuando los protagonistas de la última Administración Arias publican panegíricos de autobombo, alguien podría llamarse a confusión. Sus datos no revelan falsedad, pero sí la mediocridad que se adueñó de la política, tan necesitada de un fuerte sismo. Presentar unos tramos del Proyecto de Costanera Sur, uno de ellos sobrevaluado para cobrar peajes leoninos, como algo tan relevante, es patético.
La Administración que empezó en 1982 sí estaba ante una crisis profunda. De memoria, hago una lista de los proyectos que se construyeron o se iniciaron en los años 82, 83 y 84, para evidenciar otras ideas, otra mentalidad, otra política. Solo en la Zona Norte se construyeron totalmente varios cientos de kilómetros (carretera a Los Chiles, Santa Clara-Fortuna, Fortuna-Nuevo Arenal, El Tanque-Guatuzo, Guatuzo-Upala, Muelle-Aguas Zarcas-Pital, Aguas Zarcas-Venecia-San Miguel de Sarapiquí, Guatuzo-Upala, Intermericana-Upala, Bagaces-Fortuna-Guayabo, Interamericana-Quebrada Grande de Liberia. Por el otro lado, Varablanca-San Miguel, San Miguel-Puerto Viejo, San José-Guápiles-Siquirres (proyectos muy costosos), y de ahí a Río Frío y Puerto Viejo. Luego, desde Cieneguita, en Limón, hasta Penshurt y Bribrí, Santa Rosa-La Bomba, Guápiles-Cariari. En la Costanera (¡construcción, no recarpeteo!): Orotina-Coyolar, Coyolar-Caldera, Coyolar-Jacó, Jacó-Parrita, Barú-Palmar Norte. Más al sur, Interamericana-Puerto Jiménez, Paso Real-San Vito-Sabalito, Canoas-La Cuesta-Laurel. En la otra parte: San Isidro del General-Pejibaye, San Isidro-Rivas, San Isidro-Dominical. Todos proyectos grandes. Más cerca, Turrubares-Puriscal, reconstrucción de Ciudad Colón-Puriscal.
Y todo esto, en una administración que arrancó totalmente quebrada. Por favor, véanlo en un mapa, y midan distancias. Nunca se había hecho nada parecido. Siguiendo el Pacífico se hizo Interamericana-Tempisque-Pueblo Viejo de Nicoya. ¿Cuánto llevamos? Más de mil kilómetros. Sigamos: Belén-Portegolpe-Villareal, Santa Cruz-Santa Bárbara, Tilarán-Nuevo Arenal, Tilarán-Quebrada Grande, reconstrucción total de Liberia-Nicoya. En San José, se realizó la costosísima reconstrucción y ampliación a cuatro vías de las radiales de Tibás, La Uruca, San Pedro y Curridabat, San Francisco, Desamparados, Alajuelita y Pavas, kilómetros de la circunvalación y conclusión de los grandes puentes, además de otros proyectos muy grandes como fue Tarbaca-Frailes, Frailes-León Cortés-Santa María, Guayabo-Tabarcia-Palmichal. Se construyó la carretera Tres Ríos- Cartago a cuatro vías, Pacayas-Capellades-Turrialba, Turrialba-Santa Teresita-La Alegría de Siquirres, Paraíso-Orosi. Todo esto es de memoria. Olvido detalles porque no tengo documentos a mano. Recuerdo también el proyecto Alajuela-Fraijanes-Volcán Poás, hecho con equipo del MOPT, la carretera San Ramón-Piedades Sur, Atenas-Palmares, la reconstrucción total de Barva-Varablanca, Alajuela-Grecia-Naranjo, y el inicio de San Ramón-Los Ángeles-Peñas Blancas. ¿Cuánto es esto? ¿Unos 1.800 kilómetros? Y todo esto sin incluir pequeños proyectos que sumarían otros centenares de kilómetros, además de una lista igualmente larga de puentes y asfaltados urbanos. Y esto se hizo con recursos propios y crédito de bancos multilaterales. Aquí no hubo un centavo del AID ni de ninguna otra agencia de Estados Unidos.
Y se puede seguir con obras gigantescas que ahora necesitan --¿necesitan?-- empresas extranjeras como fue la construcción de los dos muelles de Limón (Alemán y Moín), además del Muelle Caldera, ambos iniciados en la Administración Carazo. No me cabe tampoco la lista de escuelas, colegios nuevos y gimnasios que se construyeron en todo el país, pero sí recuerdo con orgullo, la virtual reconstrucción del Teatro Melico Salazar, con recursos del MOPT. Y todo esto se hizo, en más de un 95%, con empresas nacionales. Estados Unidos salió de la Gran Crisis del 29, construyendo casi cien mil kilómetros de carreteras, con las ideas de J. M. Keynes. Luego vino la moda de la concesión de obra pública, como parte de una estrategia para inventar más posibilidades de negocios privados con los servicios públicos. Y así, hemos descendido tanto, que el país que construyó, por sí solo, el Proyecto Hidroeléctrico Arenal, ahora deba recurrir a empresas extranjeras, hasta para recoger basura o reparar la platina de un puente.
Aquella inversión contó para un crecimiento de la economía nacional de un 8.7% en 1984; el país se levantó como el despegue de un Jumbo 747. ¿Cuánto habrá significado el ICE, por ejemplo, para que Costa Rica creciera a un promedio de 7% anual de 1948 a 1978? En lugar de estar hostigando al ICE, el país debería lanzarse a un mayor desarrollo energético que coloque al país con ventajas en el inicio de la nueva era de vehículos eléctricos, híbridos y de hidrógeno; revivir y actualizar el proyecto de tranvía metropolitano (Guadalupe-Hatillo, Desamparados-La Uruca, Pavas, Curridabat y Tibás-Paso Ancho) que había quedado listo en 1984 y reconstruir los viejos ferrocarriles. Hay tantas maneras de crecer sin hacerlo a expensas del planeta. Y hay, también, tanto por hacer en el campo social.
Un titular en La Nación, en el 2006, decía: “Arrancó el bacheo en Liberia” --¡un bacheo como noticia de primera plana!-- Eso es deprimente. Y con los años que llevamos sin poder arreglar un puente, empiezo a percibir mejor la profundidad inocultable de la crisis política actual. Oscar Arias sí recibió la mesa servida en el campo económico en ambas oportunidades, y la entregó con las arcas vacías. Por ello, cuando percibo la perfumería usada para adobar con loas los resultados económicos de la última administración Arias, no puedo dejar de recordar un dicho popular: “Quien nunca ha visto un altar, se santigua ante un anafre”.
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