La indignación sigue un año después: el 15-M vuelve a las calles

ANIVERSARIO Por Sara Barderas (dpa) 

Madrid, 10 may (dpa) - \"¡Qué no, qué no, qué no nos representan!\". El grito se hizo fuerte en la Puerta del Sol de Madrid. El 15 de mayo de 2011, miles de personas recorrieron el centro de la capital de España exigiendo un cambio social, político y económico. En un país en crisis, la mecha prendió entre una ciudadanía más que descontenta y los \"indignados\" retaron durante semanas a una clase política que había infravalorado el enfado de los ciudadanos.

Un año después, este sábado celebrarán su primer aniversario con manifestaciones convocadas en todo el país y con el reto de demostrar que siguen vivos en una España en la que las cosas han ido a peor.

La economía ha vuelto a entrar en recesión, el desempleo sigue creciendo y ya afecta a uno de cada cuatro trabajadores: hay más de 5,6 millones de personas sin empleo. Los recortes del gobierno conservador de Mariano Rajoy son más profundos que los del Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y afectan también a la sanidad y la educación públicas, pilares del Estado de bienestar.

\"La situación en España es cada vez más difícil, las medidas adoptadas por el gobierno están acabando con derechos sociales. El 15-M, las asambleas de los barrios, siguen siendo la esperanza para los que no nos resignamos a creer que no hay otra solución posible para salir de la crisis\", asegura a dpa María López, estudiante madrileña de Medicina involucrada en el movimiento.

\"El 15-M debe aprovechar la coyuntura para tener más fuerza\", dice por su parte a dpa Carlos Paredes, informático y miembro de Democracia Real Ya (DRY), la organización horizontal que impulsó la primera manifestación de mayo de 2011. \"Hay que ampliarlo a más sectores, como los autónomos y pequeñas empresas\".

Hace un año, y pese a que algunos sectores conservadores trataban de deslegitimarlos hablando de ellos como jóvenes izquierdistas antisistema, los indignados eran muchos. Jóvenes, sí, pero también adultos y jubilados; estudiantes, trabajadores y desempleados.

Símbolo y epicentro de las protestas, desde la Puerta del Sol de Madrid se extendió un movimiento civil al margen de partidos y sindicatos en una España en crisis en la que, según denunciaban, las decisiones las tomaban los de arriba en detrimento de los de abajo. \"¡No somos mercancía en manos de políticos y banqueros!\", clamaban.

Las redes sociales fueron aliadas. La marea humana se convocaba a golpe de twitter. Acamparon en las plazas y, a pocos días de unas elecciones municipales y autonómicas, asustaron a una clase política que no defendía sus intereses. La \"Spanish Revolution\" la llamaron algunos. Y a su imagen y semejanza nacieron movimientos fuera del país como Occupy Wall Street. En octubre de 2011, la protesta se hizo global, con manifestaciones en más de 80 países.

Con el levantamiento de los campamentos, el movimiento trasladó su acción a los barrios, a asambleas vecinales que se siguen celebrando. Se han creado cooperativas de desempleados que se ayudan mutuamente. Los \"indignados\" han parado desahucios de familias que no podían pagar la hipoteca al banco, de inmigrantes sin recursos, de ancianos.

\"Es sobre estas pequeñas pero importantes acciones donde recae la fuerza del 15-M ahora mismo\", dice López. \"El 15-M ha restablecido unos lazos sociales que el sistema se había encargado de dinamitar. Hemos comprendido que unidos y organizados somos más fuertes\".

El movimiento ha creado una especie de sociedad al margen que promueve el cambio fuera de las esferas de poder institucional y los partidos políticos se han visto obligados a integrar en sus discursos y programas algunas de sus reivindicaciones.

\"Existe un germen de estructura paralela, pero todavía no es una estructura organizada\", explica Paredes. \"Si los canales oficiales no dan respuesta a los ciudadanos, ellos sólo pueden buscar fuera de estos canales\".

También en el movimiento ha habido cambios. Un año después, la división se ha abierto paso. Un sector de Democracia Real Ya (DRY), que jugó un papel clave en el surgimiento del 15-M, se ha convertido en organización sin ánimo de lucro para dejar atrás la parálisis de procesos asamblearios en los que las decisiones pueden tomarse sólo por consenso. Enfrente están los que quieren seguir horizontalmente, como hasta ahora. Unos y otros se deslegitiman en las redes sociales.

El sábado, los indignados medirán en las calles de España los apoyos con los que cuentan un año después de su nacimiento, su capacidad de resistencia ante el paso del tiempo y su unidad.

Lo harán ante las advertencias del gobierno de Rajoy: \"Las acampadas son actos ilegales que no van a ser permitidos\", ha dicho el Ejecutivo. En Madrid las autoridades desplegarán más de 1.500 antidisturbios y otros 500 agentes para impedir que pongan sus carpas. Pero ellos quieren volver a tomar la plaza.

Una intervención policial, en medio de manifestantes entre los que seguramente habrá niños y ancianos, como en veces anteriores, puede ser muy delicada. Y puede llevar de nuevo a los informativos de todo el mundo a una España sumida en una grave crisis económica y en las consecuencias sociales de unos recortes de miles de millones.