São Paulo, (dpa) - La planificada ampliación de la producción de etanol y biodiesel en Brasil podría llevar a la destrucción de la selva tropical, según una investigación publicada hoy en "Proceedings of the National Academy of Sciences" (PNAS).
Según los científicos, la ampliación del cultivo de la caña de azúcar (para producir etanol) y de la soja (para producir biodiesel) desplazará sobre todo a los criadores de ganado bovino del sudeste de Brasil. Estos deberán trasladarse hacia las cercanías de la selva amazónica y allí desmontar superficies para la cría de sus animales.
Este cambio en la utilización de la tierra empeorará en forma considerable el balance energético que se pretende mejorar mediante el uso de biocombustibles.
En la investigación trabajaron en forma conjunta investigadores de la Universidad Kassel, del Instituto Max Planck para Meteorología de Hamburgo y del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas en Nairobi, entre otros.
Brasil lidera junto con Estados Unidos la producción de etanol. La altamente eficiente caña de azucar es la materia prima que utiliza Brasil para el combustible, mientras que Estados Unidos utiliza el maíz.
En Brasil las plantaciones de caña de azúcar no están ubicadas en la región de la selva tropical, sino sobre todo en el sur, el sudeste y el noreste del país. Las plantaciones de caña de azúcar, cultivo con el que también se produce la típica «Cachaça» (aguardiente de caña), ocupan actualmente 8.000 kilómetros cuadrados de superficie. Según datos oficiales, esta superficie podría hasta octuplicarse.
Para lograr los objetivos de producción de etanol para 2020 los investigadores pronostican que en el caso de la caña de azúcar habría que agregar 57.200 kilómetros cuadrados de superficie de explotación y para la soja hasta 108.100 kilómetros cuadrados.
Esta superficie provendrá en un 88 por ciento de regiones que antes era destinadas al pastoreo de ganado vacuno. Los criadores deberían desplazarse, lo que los llevaría, luego de la simulación del estudio, a talar 121.970 metros cuadrados de selva para crear nuevas regiones de pastoreo.
El efecto que se produce entonces es que los biocombustibles llevan en forma indirecta a la tala de la selva tropical y el balance energético del etanol y el biodiesel se desbarata.
El cultivo de caña de azúcar sería responsable de una "deforestación indirecta" en un 41 por ciento, en tanto la soja lo sería de un 59 por ciento.
Los investigadores calculan que se necesitarían 250 años para volver a lograr el equilibrio entre el dióxido de carbono producido por la tala de la selva tropical y las ventajas del uso del biocombustible.
No obstante el gobierno en Brasilia prevé que la tala de la región amazónica se reducirá para 2020 en un 80 por ciento.
Como solución a este problema los investigadores alientan a que en Brasil se planten las más productivas palmas oleíferas en vez de soja. De esta forma se podrían reducir las superficies de 108.100 metros cuadrados de producción de soja hasta 2020 a sólo 4.200 de palmas oleíferas.
Hace decenios que Brasil es líder en la producción de biocombustibles. Más del 90 por ciento de los vehículos nuevos vendidos en Brasil disponen de motores bivalentes, que se conocen popularmente como "flex" y que utilizan una mezcla de nafta y etanol. Ese combustible es la segunda fuente de energía luego del petróleo en el país sudamericano.
De la investigación dirigida por David Lapola de la Universidad de Kassel también participaron el Instituto para la Investigación de Consecuencias Climáticas de Potsdam (PIK) y el Centro Helmholz para investigaciones medioambientales de Leipzig.